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IMAGEN MUJER FRENTE AL MAR

“Ellos no pueden quitarnos nuestro autorespeto si nosotros no se lo damos”

Gandhi


 

Se define la autoestima como “el aprecio o consideración, generalmente positiva, que uno tiene de sí mismo”.

La historia que os voy a contar podría ser la de  muchas mujeres que conocéis; una amiga, una vecina, una compañera de trabajo…. vosotras mismas.

“Ella pensaba que la vida era así, le hicieron creer que debía llegar a todo, tenerlo todo bajo control, ser una súper-mujer, cuidar de sus hijos, trabajar y demostrar que el hecho de ser madre no disminuía sus facultades e interés, gestionar la que entonces era su casa, ser feliz con su pareja  y además poner buena cara a familiares y amigos.

Un día decidió convivir con su pareja, pese al disgusto de la familia, una típica y tradicional familia que no ve bien convivir sin estar casados. Los primeros cuatro años fueron estupendos, él la hacía sentir atractiva, sexy, inteligente, capaz de todo lo que se propusiera; la acompañaba en todos sus proyectos y sueños. Era el hombre con quien quería estar toda la vida. Tan era así que prepararon los papeles para casarse, aunque ese momento nunca llegó, él dio marcha atrás unos días antes justificándose con su pánico escénico.

Sus respectivos trabajos les permitían ciertos caprichos que hacían la vida muy cómoda y poco convencional. Pensaron en tener niños y decidieron comprar un coche más grande, por aquello de las sillas que abultan tanto y las cunas, pañales, etc. Se quedaron embarazados y aunque sabían que muchas cosas cambiarían para ellos… estaban dispuestos.

Ella acababa de tener su primer hijo por lo que se sentía inmensamente feliz, parecía que nada ni nadie podría cambiar eso, pero no fue así. Tenía la sensación que en su trabajo pensaban que parte de su inteligencia y capacidad se había quedado en el paritorio. Se esforzaba en demostrar que eso no era así, que seguía siendo la misma. Al fin y al cabo llevaba muchos años trabajando y su embarazo no hizo que su rutina laboral cambiara, seguía viajando sin problemas.

Él estaba muy involucrado con su nuevo papel de padre, aunque no dejó de trabajar ni un día. Llegaba a tiempo para ayudar a bañar al niño, preparaba algunos biberones y se los daba y les hacía fotos constantemente. Empezó a llegar más tarde, por lo que ya no le esperaban para el baño. Él decía que para qué  llegar antes si ya se iba a perder el baño. Esto fue en aumento hasta que algunos días cuando llegaba, el niño ya estaba en su cuna durmiendo.

Él estaba realmente comprometido con su trabajo.

En alguna ocasión dijo que su trabajo era más importante que el de Ella, que su horario era menos flexible, que su sueldo era mayor y que de lunes a jueves él no podía ocuparse de otra cosa. Más adelante tampoco los fines de semana, ya que necesitaba tiempo para él, para desconectar.

Poco a poco Ella fue cargando más responsabilidades de las que en un principio creía suyas. Siempre pensó que los hijos eran de dos, la casa era de dos, que se comparte la vida con una persona y la vida es todo eso.

Ella trabajaba fuera de casa, recogía al niño, pasaba toda la tarde con él y con él hacía todas la compras o gestiones que surgían. Hasta tal punto de convertirse en madre, trabajadora, cocinera, gestora de la casa, chófer y padre; era la mamá que más jugaba al fútbol del parque.

Si él llegaba tarde por las noches y se lo recriminaba, él decía que era imposible llegar antes y que todo era por nuestro bien, para darles lo mejor al niño y a Ella. Sin embargo no estaba  a su lado día a día, les faltaba. Si Ella le decía algo sobre el deterioro de su relación, él contestaba que esa era solo una visión suya, que solo estaba en su cabeza y que debía hacérselo mirar.

Ella pensaba que sería una mala racha, que él se daría cuenta, solo era cuestión de un poco más de tiempo, de aguantar un poco más.

Entre tanto Ella se convirtió en una mujer agotada, gris, casi siempre de mal humor, muy susceptible, algo envidiosa de la felicidad de los demás, casi no sonreía. Se sentía transparente. Él ya no la veía, aunque paseara desnuda delante de él, ni la miraba. Nada de relaciones íntimas, por si había más embarazos (él no estaba dispuesto a poner ningún otro medio de su parte para evitarlo). La llegada de otro bebé supondría, según él, no poder dar todo a su único hijo. Mientras Ella pensaba que lo mejor que podía darle al niño era un hermano con quien compartir juegos y a quien amar.

Ella dejó de sentirse atractiva, valorada y deseada.

Intentó hablar con él para arreglar la situación, pero él se alejaba emocionalmente cada vez más de Ella.

Ella se dio cuenta que el sentido de su vida era ser feliz y que así no podía llegar a serlo. En un momento de valentía y tras mucho pensarlo, decidió marcharse. Ya no era la madre alegre, sonriente y motivada que quería para su hijo y la única solución que encontró era alejarse de esa persona con la que no podía ser feliz, con la que había dejado de ser Ella misma.

Se marchó sola, con su ropa, sus libros, dejando atrás años de convivencia, ilusiones, planes y a su hijo. No le permitió llevárselo en ese momento. Esos primeros días sola fueron los peores de su vida, pensando en si él cumpliría su palabra de llevarle al niño cuatro días después, como habían pactado.

Ella ya no se sentía transparente, sino muy chiquitita frente a él, como una hormiga frente  a un elefante. Recibía mensajes amenazantes, diciendo que Ella lo estaba haciendo muy mal y que sería la responsable de todas las cosas malas que pudieran ocurrir al hijo de ambos.

Ella consiguió la custodia legal del hijo en un juicio terrible en el que se sentía directamente cuestionada como madre y culpable por haber sido despedida de su trabajo.

Su autoestima se había visto muy deteriorada y su falta de seguridad la hacían caminar encorvada, mirando al suelo para evitar otras miradas, metida en ella misma, seria y triste, pequeña.

Todavía le queda camino por recorrer pero ahora mira hacia adelante con una sonrisa, estirada y valiente. Ella ha recuperado gran parte de la buena opinión de sí misma, está fortalecida. Ella sabe que es bella por dentro y por fuera y brilla para aquéllos que saben ver su luz.

Tiene toda una vida para ser feliz, para ser ella misma, aceptarse, quererse y saberse capaz de conseguir lo que se proponga”.

 

¿Habéis escuchado alguna vez algo similar? ¿Habéis sentido alguna vez algo así?

Hay veces en que las circunstancias te sobrepasan, no ves la salida, los reveses te conducen a un bucle de confusión y tu identidad se tambalea, incluso llegas a perderla. Dejas de saber quién eres; el miedo al fracaso, a lo desconocido, actúa y olvidas todos esos recursos que tienes para detectar y generar las oportunidades de salir del agujero en que te encuentras sumergida.

La buena noticia es que todo eso se puede recuperar porque sigue dentro de ti;  la identidad, la valentía, la motivación, la autoestima, la seguridad en ti misma y  la alegría de vivir. Todos esos recursos siguen estando ahí, dentro de ti, esperando que los recuerdes para ser utilizados. No dejes de brillar.

Recupera las riendas de tu vida y se feliz!

 

 

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TIPOS DE COACHING PROFESIONAL

Escrito por Almudena Gómez

Soy coach certificada PCC por ICF y ASESCO, especializada en Coaching Personal, Profesional y de Imagen. Experta en Eneagrama e Inteligencia Emocional. Optimista y curiosa, nunca dejo de aprender y en constante evolución y cambio. Colaboro con organizaciones de distintos ámbitos como coach, formadora y mentora (Crearte Coaching, AVT, La Akademia, Eneagrama Aplicado), donde pongo al servicio mis conocimientos y experiencia. Entrenar mente y emociones para alcanzar bienestar es algo que también facilito a mis clientes de manera individual. He participado y participo en eventos como: Expocoaching, Jornadas Internacionales de ICF, congresos de ASESCO. He facilitado entrevistas donde hablo sobre Eneagrama, Desarrollo Personal y Coaching.

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