Seguro que has oído hablar de la autoestima, seguro que alguna vez te has planteado: ¿tengo autoestima?, ¿es alta?, ¿está baja? Y ¿de qué manera afecta a mi comportamiento?
Lo que describo a continuación podría habernos pasado a cualquiera de nosotras, con nuestras parejas.
Tienes la sensación de estar metida en una urna de cristal que se ha quedado pequeña, te asfixias dentro y no puedes moverte. Tu vida familiar cada vez dista más de lo que siempre has imaginado. Te esfuerzas en dar una imagen de felicidad y armonía que para nada se corresponde con la realidad. Piensas que todas las cosas que están ocurriendo y que no son de tu agrado, son pasajeras, que todo volverá a ser como antes.
Quizás debido a esa parte de ti que cree poder con todo, vas asumiendo roles que no te corresponden en el ámbito familiar. Algunas veces escuchas: “tú lo haces mejor”, “eres más ágil”, “tu trabajo es más flexible y puedes encargarte de otras cosas” o incluso que menos importante porque el sueldo es inferior.
Tu adaptabilidad es tal que eres madre, padre, gestora de la casa, “arregladora” oficial de cualquier percance en el hogar, organizadora de viajes y encuentros familiares y conciliadora familiar. Has dejado de ser tú misma, como profesional e incluso como mujer. Te sientes “transparente”, no se fija en ti, no tiene en cuenta tus necesidades…en tu propia casa.
Te conviertes en alguien gris y crispada. Incluso llegas a perder tu bonita sonrisa. Te alejas emocionalmente de personas muy cercanas, tus apoyos reales. Te olvidas de ti misma, ya no te dedicas tiempo porque si lo haces, te lo reprochan.
Tu autoestima disminuye de una manera tal que hasta tu postura y corporalidad hablan en silencio de cómo te sientes y te ves frente al mundo.
Tu corazón, tu alma están enfermos. Te sientes profundamente infeliz, frustrada y pequeña, muy pequeña.
No permitas que nadie te haga sentir así, no dejes que abusen de tu corazón y acallen tu voz






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