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imagesCada vez creo menos en la casualidad y más en la causalidad. Y es que cada vez son más las cosas que la vida pone a mi paso, que me hace pensarlo.

Recuerdo que, hace algún tiempo, cuando todavía me generaba cierta incertidumbre a qué tipo de público quería dirigir mi trabajo como coach, cuál iba a ser mi público objetivo, una persona muy querida me dijo algo que me generó expectación y algo de incredulidad, sus palabras fueron: “ellas serán las que te elijan a ti, ya verás”.

Pues bien, ellas empezaron a llegar a principios de año. Se trataba de mujeres que habían dejado atrás su casa, su trabajo, su vida para acompañar a sus maridos en nuevas etapas profesionales, a otros países a kilómetros de distancia de los suyos.

Canadá, Senegal, Luxemburgo, Suiza, Gran Bretaña, Méjico, República Dominicana o Francia eran los países en los que debían empezar una nueva vida.descarga

Antes de conocer las circunstancias reales de estas increíbles mujeres, yo era de las que pensaba que estas mujeres que se iban a vivir a otros países porque su marido encontraba un buen trabajo, llevaban una vidorra digna de una reina: casas impresionantes con servicio, coches, supersueldazo para el marido, colegios estupendos para los hijos, nuevas oportunidades de conocer gente, hablar idiomas…, en fin, las imaginaba todo el día cuidándose en centros de belleza, de compras, en el gimnasio o desayunando con amigas.

¡Lo que hace la ignorancia!, qué equivocada estaba.

Cuando comencé a establecer confianza con ellas y comenzaban a contarme cómo eran sus vidas en tierra extraña, había una gran falta de identidad, nostalgia, inseguridad y hasta impotencia e ira.

La realidad era muy distinta, mujeres con carreras profesionales brillantes, amistades, independencia personal y económica, un modo de vida estable y siendo protagonistas de sus propias vidas, dejaban todo eso atrás, lo sacrificaban en beneficio de la carrera profesional de sus maridos.

¿Cuántos maridos estarían dispuestos a hacer esto mismo por sus mujeres…? Y peor aún, ¿cómo serían juzgados por la opinión pública?, ¿hombres florero?, eso no se lleva mucho ¿no?

El caso es que ahí estaban todas ellas, en ciudades extrañas, rodeadas de personas extrañas, con idiomas extraños, haciendo de tripas corazón. Siendo el auténtico soporte emocional de toda la familia, y todo ello con su mejor sonrisa. Pero, quién las apoya emocionalmente a ellas…

Recuerdo bien como una de ellas me contaba, entre triste y enfadada, cómo había pasado tener un buen trabajo, un trabajo que le gustaba y le generaba independencia y autoestima, a ser madre y ama de casa a jornada completa; como cosas tan simples como hacer la compra o charlar con un vecino en el portal, se habían vuelto algo complicado, hasta un reto diario. Cómo echaba de menos su vida.

Son mujeres fuertes, generosas y valientes que buscan reconstruirse, recuperar su autovaloración personal, su autoestima, tener de nuevo una identidad propia sin ser la “esposa de”, que son el auténtico pegamento de su familia, en la sombra.

Pido perdón por el falso concepto que tenía de ellas. Os admiro.

Namasté

 

Dedicado a Virginia, Lola, Yndira, Marianne, Ainhoa, Laura y las que estáis por llegar a mi vida